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Arista Hornley

Por Ernes y Juanjo.

Llegamos ha Zermat con el cielo nublado y el pronostico nos daban solo dos días de buenos, con tormentas antes y después.
Con un par de experiencias anteriores, con cuatro miles en el Mont Blanc.
decidimos plantarnos en el refugio (hotel) y al día siguiente subir.
Plantamos la tienda nueva, y antes de caer la noche ya estaba nevando, a las pocas horas se le sumó un viento fuerte y un descenso brusco de las temperaturas. A las dos de la madrugada nos tuvimos que meter en el refugio, porque la tormenta había roto las varillas y rajado el doble techo.

Por la mañana, aunque nublado el tiempo era notablemente mejor.
Cuando entre las nubes se divisó el Sol un par de veces decidimos empezar a subir, con pensamiento de usar el vivac intermedio.
Después de la nevada de la noche anterior, el Cervino mostraba su aspecto más impresionante completamente cubierto de blanco, y por supuesto no había nadie en la pared, ni con proyectos a corto plazo.
Empezamos a subir a las 11 de la mañana, con un camino muy aleatorio y poco definido a causa de la nieve, que aunque no era abundante, cubría lo suficiente como para ocultar el itinerario correcto. Llegamos al paso calve, 15 m. antes del vivac. Todo el camino anterior transcurrió sobre un terreno mixto de
hielo, roca y nieve pero fácil. Y asomándose regularmente a la tremenda y espectacular cara norte.

Empezaba a empeorar cuando llegamos al vivac sobre las 6 de la tarde, bastante confortable con literas, wc. radio, mantas etc. y con las vistas más impresionantes que he podido disfrutar hasta hoy día.

El cielo terminó por cubrirse, eso incluía en ocasiones toda la montaña y no tardamos en meternos en los sacos, con temperaturas aprox. - 15º, esperando una mejora del tiempo.
Cuando amaneció el cielo seguía igual, tuvimos que seguir esperando que el cielo se abriera.
Esa mañana me di uno de los grandes sustos de mi vida. Salí en botines a por agua, a 4 m. del vivac y en la chorrera del agua pisé el hielo, al instante me vi arrastrando, destrozándome las uñas logré detenerme.
fueron solo de 4 a 6 m. Pero la inclinación de la pared te dice que, las mayores probabilidades eran las terminar en el glaciar, muchos metros más abajo.
Se nos hizo las 13:00 h. y sin terminar de abrirse el cielo, pensamos que perdíamos esa oportunidad y comenzamos a subir, por un terreno de trepada fácil, lo que no sabíamos entontes es que el verdadero peligro del cervino era la caída de piedras, claro esa mañana estaban soldadas por el hielo.
Disfrutando como cerdos en un barrizal, allí estábamos nosotros solos en una montaña grandiosa concentrados en la escalada e inmersos en nuestros pensamientos y para colmo el cielo empieza a despejarse y nos descubre la verdadera grandiosidad de donde nos encontrábamos.
Con las cuerdas sin hidrofugar, al poco de salir del vivac ya estaban mojadas.
según salíamos a la arista de la cara norte se notó claramente como se congelaba y se quedó tan rígida como una caña de pescar, con la imposibilidad completa de sacarla o meterla en el ocho y con el riesgo de
rotura que eso lleva. En definitiva eran más un estorbo que una ayuda.
Aunque el tiempo por fin mejoró, las temperaturas no. Hay dos pasos más complicados en ese trayecto.
Pero están equipadas con maromas . Ese día tenían el doble de espesor debido al hielo y la nieve.
Yo me dejé los tres pares de guantes de lana que tenía limpiándolas, poco después tenía la manos congeladas, me refugié del viento congelador de la cara norte, en un hueco junto a una cruz, a 100 m. de la cumbre pensando que no podría terminar, y ahí llegó Ernes animándome a continuar, y así lo hicimos una vez recuperé la sensibilidad en las manos.

Los últimos metros son dos grandes palas de nieve, asegurada con unas grandes estacas de acero que salen de la nieve y al fin llegamos a la cumbre rebosantes de satisfacción a la vez que reventados por el viento, la temperatura y el cansancio, eran las 19:00 h. cuando llegamos, pero no podíamos irnos sin pisar la cumbre Italiana ni hacer las correspondientes fotos.
Inmediatamente después comenzamos a bajar deprisa, recelando que no llegaríamos de día al vivac.
Y así fue, los 4 últimos largos los rapelamos de noche.
Llegamos con las fuerzas suficientes, para calentar algo de comer y caer derrotados en el saco.
A la mañana siguiente, despertamos con compañía en el vivac, había cuatro personas durmiendo.
Amaneció un día luminoso y despejado, comenzamos el descenso con paso seguro, y destrepando
muchos de los largos que a la subida nos habíamos asegurado.
Según estamos bajando, sin advertencia previa vemos volar una piedra del tamaño de un casco, nos pasó silbando demasiado cerca, entonces nos dimos cuenta cual era la dificultad.
Y mucho más, cuanto más gente esté subiéndola.
Pero en nuestro caso era la nieve y el hielo derretidos por el sol, hacían caer de todo por la pared.
Aceleramos el paso todo lo que el terreno nos dejó y en poco tiempo estábamos en el refugio.

Pasamos dos noches en el Cervino, sin duda entre las mejores.
Esta montaña no debería faltar entre las experiencias personales de cualquier aficionado
Eso sí , consulta antes lo que el Cervino te va a exigir, (suele pasar factura)
Pero si vas y te diviertes la mitad que nosotros, seguro que regresas con experiencias magnificas para asimilar durante una buena temporada.

Saludos para todos, y ya nos veremos por ahí.
A ser posible en nuestro terreno.
Ciao.


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